Nueve de Marzo.

(Esperando a Sami)

 

 

Principios de marzo,

final de una vida:

la pena, dura como cuarzo,

oscura como el final del día,

se afila como una hoz,

que con frialdad atroz,

apuñala cruelmente mi herida.

 

Tu ausencia es como leer

sobre papel en blanco,

como escribir sin tinta,

y llorar sin llanto.

 

El tren se retrasa

en la estación de la vida,

y yo no sé qué pasa

solo espero tu venida.

 

Transita gente, despreocupada,

todos siguen con su vida.

A mí se me encoge el alma:

¿Volverás algún día?

 

Dejaste corazones rotos

y recuerdos empañados.

Lágrimas reprimidas,

y acusados llantos.

 

Ya hace seis años

que tú tenías diecisiete;

ahora hace muchos inviernos

que te secuestró la muerte.

 

Eterno adolescente,

implacable impotencia:

¿Dónde irías ese día,

qué mereciera la pena?

 

Y seguimos esperando oírte

atravesando la puerta;

diciendo: “os vais a reir,

pero no me di ni cuenta”.

 

Formulando hipótesis

Ideando mil “si yo hubiera…”

sintiendo como la necrosis

devora nuestra alma entera.

 

Polvo y arena

en una tumba vacía.

Sé que allí no está tú esencia,

la que volverá a la vida.

 

 

Abrirás los ojos, te cercarán verdes prados;

A penas un parpadeo, y ya habrás llegado.

Y sabrás de esos tiempos intermedios

solo porque te los habremos contado.

 

 

El tren llegará a mi estación.

y tú saltarás al andén.

¡Será increíble la emoción

de reencontrarnos en un Edén!

 

 

Notarás tu cuello humedecido

por las lagrimas de quien te extrañaba.

Los brazos de tus seres queridos

rodeándote con toda su alma.

 

Reirás, despreocupado como tú eras,

mientras llueve felicidad a espuertas;

Y dirás: “Si me fui, os vais a reír,

pero yo no me di ni cuenta”.

 

 

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